#CartasaExtrañas De J.L a -P- El remo del Olvido

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20 Noviembre 2019

 2:00 a.eme

Querida P,

Esta carta empieza incómoda, como cuando te dejan plantada en una cita que habías agendado y la otra persona olvidó.

Tal vez el olvido si viene con los años, siento decirte que la época que describes, no la recuerdo. Tal vez se trate de ese tiempo que estuve en España, porque mi carta data del bendito Fiat que compré por terquedad en una subasta y sólo lo manejé un par de veces en la Ciudad Gris, recién llegué a casa de mi madre.

Sigo escribiendo, buscando conectar la pulsera que te regalé, pero no recuerdo ese momento, sabes, me escribes y algo de tus palabras me recuerda a O, quien últimamente quisiera reencontrar, pero no sé su nombre, sólo tengo algunas señas descritas en sus cartas que son del 2002 al 2005 (seguramente ya se ha olvidado de mí).

Es un poco desesperante querer conocer a alguien que te hizo vivir cosas lindas, sin verle nunca, ¡Jamás! Tal vez te sientas así, mientras me lees. Pues pensarás que me olvidé radicalmente de ti, me suena que puedes haber estado entre todas las extrañas con quienes me escribí cuando buscaba a O. ¿Te suena a ti? En esa época, vivía entre camas de distintos tamaños y colchones, (aunque nunca encontré una tamaño King Kong,)  que nunca se ajustaron al mapa de mi espalda. Estaba de gira con mi novela y conocí personas que en su momento pude haber dicho que eran inolvidables, pero ya ves, hasta yo olvido. Entiendo ese permanecer en otra geografía, sobretodo cuando estás en el lugar donde se doblegan los deseos pero nada es permitido.

Imagino que mi carta es como el invierno que de pronto te dejó fría y ausente de recuerdos no compartidos. Aunque debo decir que me alegra leer que imaginas que pueda llegar en tren y conocer a una extraña que me escribió cartas en otra época, de hecho me gustaría recopilar todas esas cartas que dejé de camino a Italia, las dejé en estaciones, cafecitos y hasta en un cuchitril de Milonga muy parecido a uno que frecuentaba en el colegio en la Ciudad Gris.

Ahora que estoy en una búsqueda constante de conectar con los que me rodean, retomar viejos rituales para abordar las páginas de un manuscrito que se fragmenta por los duelos que te rebasan sin sentido. Se me ocurre tal vez, que para curar esta ausencia, imaginemos que estamos en una cajita de metal, como una lonchera que en el recreo siempre alguien pateaba, pero ahora, es una especie de canoa, forrada del material genuino del que están hechas las nubes, allí todo es posible, como cuando Stephan (el personaje de la Ciencia de lo sueños) navegaba en papel maché, y allí, en medio de los sueños todo es posible;  y digamos que decido saltar contigo, (he de decir que nunca he sido cobarde) y en ese viaje entre el oleaje de papel celofán y estrellas de aluminio, te regalo esa pulsera, (aunque obviemos a Carlos, no podría mentir acerca de su existencia en este sueño) Y también me regalas una, hecha con una ramita que ves en la proa y la tejes con florecitas de mazapán.

Luego me levanto sobre la canoa, te asustas y me dices que me siente, porque no sabes si sé nadar. Los nervios te encrespa un mechón de pelo, no te hago caso y empiezo a declamar palabras que salen como sonidos de una organeta y te cuento a manera de manifiesto onírico:

Hay aventuras secretas, que sólo le podré contar a mis nietas por medio de diarios.

Hay un viaje al silencio que últimamente me incomoda.

Hay una extrañeza, una nostalgia por volver a saber de O. 

Hay que saber que las mañanas no tienen sabor.

Hay miedos inaplazables.

Hay una triada de lunares que estoy segura me llevan a ese lugar anhelado.

Hay que entender que estoy en una nueva casa, y los cambios me cuestan.

Hay que suavizar la calma, sobretodo cuando no escribo

Finalmente, caigo al agua de celofán, el papel me enrolla y tu con el remo hecho de hoja cuadriculada intentas llegar a mí. Doy brazadas hasta lograr tomar un lado del palo, logro subir y te recuerdo que alguna vez lloré sobre el regazo de mi madre, estábamos en un bosque de naranjos. Me quedo en silencio y remamos de vuelta, a veces el silencio es un tesoro, aunque en estos días no lo entiendo.

Aunque esta carta parece un olvido voluntario, no dejes de escribirme. De alguna manera percibo que el anhelo que tienes de reencontrarte con aquella persona que te regaló esa pulsera, es genuino y presiento que se volverá real.

Deseo que así sea.

Querida extraña, un abrazo

Sinceramente,

J.L

P.D:  Me gustan tus metáforas con el avión de papel. Eso no lo olvidaré.

 

***

Pd 1: Puedes leer la carta anterior de -P-: ¿Saltas conmigo?

Pd 2: Para no perderte el hilo conductor de todas las cartas, sigue nuestro MAPA

***

Pd: Si quieres participar en la cartas abiertas de J.L y Juliana, sigue toda la correspondencia en: @cartasaextranas

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