#CartasaExtrañas de -Juliana a una Amalia- » La memoria: mi niña»

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30 de Enero, 2020

(hora medianera)

De fondo se escucha: Invierno a la vista de Izaro

Querida Amalia,

Permitirse estar enferma. Amarte. Te comprendo.

Amanezco enrollada entre cartas y la prosa de mi novela, tu fotografía es una hermosa memoria, quisiera estar cerca al mar, la- mar, amar allí, aquí.

Mientras te leía, recordaba, ¡miento! no recuerdo, es que esta memoria está tan viva, se repite reiterativa en imágenes sensoriales que me es más simple contarte lo que escribí hace dos años (en la novela que hoy intento editar), recién llegué del País del Río de los pájaros, un fragmento de una fotografía que siempre me hace sentir mejor, en tiempo presente.

Aquí está:

“Paso a la siguiente página, con una confianza inalterable, porque siento que en algún lugar, aún sin irme a dormir, alguien me está leyendo, está siendo testigo de mis palabras, que se acumulan en un lienzo y bailan en libertad; porque al ser leída, la historia existe, yo existo, y por ende nuestra vida juntas ha sido imaginada de nuevo y no se queda en un secreto hostil. 

Del diario cae un fotografía que usé como separador para recordar algo que en este instante he olvidado. La miro, es una fotografía de mi infancia, una que es muy famosa entre mi familia. Pues estamos tres nietos, en fila: atrás mi prima mayor, en el medio mi primo y enfrente yo, con la sonrisa pícara y sin dos dientes, una foto normal, salvo que mi sonrisa se debe a que tengo la mano derecha metida en mi cosita. Esa foto, es un recuerdo perfecto, aunque mi memoria no lo recuerda. Sería una descripción muy clara de quién soy y que no he cambiado nada. Sin embargo, me gustaría meterme en esa cabecita, cuando tenía cuatro años, y recordar que pasaba ese día, qué había descubierto. Tal vez acababa de salir del baño y en realidad me estaba metiendo la camiseta fucsia en el pantalón azul. O me habían pillado mirando mi monte de Venus y para disimular corrí por toda la casa con el pantalón abierto, y en el camino me cogieron las tías para la foto y tuve que dejar un documento fotográfico de ese momento, de que sabía lo que hacía desde ese entonces. Aunque sabemos, que los niños no piensan en esas cosas que avergüenzan a los adultos y hoy no podré saber qué pasó ese día. 

Tal vez si pudiera contactar al fotógrafo que fue quien captó aquel momento, éste podría recordar algún suceso específico, pues era un testigo, un observador de una puesta en escena que siempre me ha conmovido, pues era un fotografía que me decía: —¡Eres tú! —Aunque aquél recuerdo fuera inventado y el registro sólo fuera ese instante. —Soy yo, soy yo. —Repito hacia mis adentros y luego un pensamiento asalta mis palabras: Ahora soy yo la única testigo de esta foto, soy espectador y mi propia mirada es testigo de un evento olvidado, es como si aquel artefacto fotográfico estuviera dispuesto en mis manos y soy yo la que toma un registro de mi propio yo, analizando un simple acto y una sonrisa pícara que me lleva a redescubrir mi propia identidad años después, somos personas distintas en cada etapa, es como si esa pequeña fuera otra persona que observo a la distancia y sin embargo siento que soy yo.

Guardo la fotografía entre las páginas del diario, miro mis pies fríos, cubiertos de esas medias color agua marina, gruesas y que se supone calientan. Al rato noto que pasamos gran parte de nuestras vidas tratando de tocar el alma de las personas que amamos y en un vaivén infinito, tomamos distancia de esas mismas personas, de nosotras mismas y nos conformamos con cosas sin importancia. Y en el devenir de la incertidumbre, lo que en algún momento nos pareció asombroso, termina siendo un acontecimiento común y corriente, pues le pasa a todos los seres humanos. Nos damos cuenta que no somos únicos, de esa manera empezamos a olvidar lo que sentíamos: el mareo, las ganas de atravesarnos y abrazarnos, la vida del otro, la traición, las mentiras, las piernas temblando y la luna bañando los besos. 

¿Cómo lo hacen? ¿Lo hago?

Últimamente, todas esas sensaciones que le pasan a todo el mundo, las siento fuera de mí, pues todos los cuerpos que he amado me acompañan, me atraviesan, me dañan y me arrullan.”

(Aquí continúa un poema, pero decidí dejarlo escrito sólo en mi novela. Tal vez lo leas algún día.)

Amalia, gracias por compartir este instante conmigo.

Sinceramente,

Juliana (Jota)

P. D. Con cariño un abrazo que te ayude a salir de allí, tal vez no es tan mala idea tomar un poco de aire y ver el cielo.

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***

P. D. 1: Juliana escribe esta carta en medio de un ejercicio de escritura por correo, Amalia le responde aquí: «El insecto, la gripe»

P. D. 2: Para no perderte el hilo conductor de todas las cartas, sigue nuestro MAPA y lee el post: ORIGEN.

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P. D. 3: Si quieres participar en la cartas abiertas de J.L y Juliana, sigue toda la correspondencia en: @cartasaextranas

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