#cartasaextrañas De -J.L- a -B.K- «Borrachera lenta»

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Febrero 16, 2020

19:29 pe. eme

 Querido B.K,

Te leo como si tus palabras fueran el alivio de un reencuentro. Y antes de dejar que mis verbos se deslizan bailando por las líneas de esta carta, te abrazo, con un anhelo de conocerte más. Me place mucho saber más sobre tus licántropicas costumbres, ¿qué instrucciones existen para convertirse en aullido?

Mi memoria se instala como una un espectador que confunde memorias, una de ellas se entremezclan como si estuviera en un cuchitril de jazz y en el fondo estuviera Allen Ginsberg aullando su poema de largo aliento, en un instante la gente pequeñísima de mi memoria inventa que su voz es tu voz mi querido B.K, y que tu carta me la lees a viva voz -sería fantástico-, entre el vaho de unas cervezas y  la melancolía de los versos de Allen que se resguardan más tarde en sus cartas a Peter.

“Querido Petey:

¡Ay Corazón ay Amor todo de pronto se convierte en oro! ¡No tengas miedo, no te preocupes, la cosa más extraordinaria ha sucedido aquí! No se dónde comenzar si no en lo más importante.”

Pero claro, la gente pequeñísima no puede recordar una carta que no está en su época, sería un parafraseo de la carta de Allen, pero luego mi mente a punto de ebullir, se da cuenta que tus líneas son notas del saxofón y me la relees. Si saliéramos de ese bar, esa noche, tal vez pillaría a O, detrás de ese árbol que en mi imaginario onírico está creciendo en el asiento del copiloto de un automóvil.

Después tomas mi mano y te conviertes en mi gran amigo Antonio, y mis neuronas corretean a un recuerdo en el que justo había dejado fragmentos de mi corazón en un bar, la mujer obediente me había abandonado con una nota seca, de esas que necesitan reinterpretaciones de la otredad para que recobre sentido. Aunque el abandono nunca tenga un sentido real. Dejé esos fragmentos allí, en medio de una borrachera lenta, pero no te equivoques, no dejé esos pedacitos en la mesa, para que cualquiera los rescatara, los dejé escondidos en el baño, tal vez se hayan ido por el desagüe del sanitario. De allí salimos, borrachos y empezamos a caminar a traspiés y en el camino Antonio le aulló a la luna, me uní sin pensarlo, no sé si ella menguaba o estaba llena, el howl ardió por la faringe, se convirtió en rabia y se dejó llevar por el viento helado de la Ciudad Gris, al final la risa del ridículo hermoso que hacíamos liberó la pena.

Vuelvo al presente, para sentir que mi corazón está en su lugar y no se ha caído los pies, el alivio taciturno de las imágenes que evocas como un sueño, me hace sentir liviana, soy una mujer posible. Y para corresponder tus palabras que hacen eco, aúllo desde las uñas de los pies, para darte las gracias.

Sinceramente y sin prisa,

J.L

***

P. D. 1: J.L responde a la Carta de -B-K-: «Licantrópicas Costumbres»

P. D. 2: Para no perderte el hilo conductor de todas las cartas, sigue nuestro MAPA y lee el post: ORIGEN

***

P. D. 3: Si quieres participar en la cartas abiertas de J.L y Juliana, sigue toda la correspondencia en: @cartasaextranas

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